luchacomida Una lucha a la hora de comer
Si hay algo que es común en muchos de los niños cuando dejan las papillas y los potitos y comienzan a alimentarse con comida sólida es la manía de no querer llevarse nada a la boca. Las causas pueden tener diversos orígenes pero, en general, suele ocurrir porque el cambio es drástico – entre otras cosas, porque les crecen los dientes – y no conciben ingerir algo que no sea blando o que se coma con cuchara.

Por eso lo primero que deben hacer los padres es comprender este hecho y dar tiempo al niño a que se acostumbre a la nueva situación, pero siempre procurando que llene su estómago con algo. Este objetivo no es nada fácil de cumplir, por lo que debemos inventar tantas historias y juegos como se nos ocurran. De ahí nació precisamente la famosa frase de “¡¡¡que viene un avioooón!!!”, tan utilizada por padres de todos los rincones del mundo mientras intentan meter una cucharada en la boca de sus hijos.

A pesar de todo, es más que probable que el niño no quiera comer nada y que la hora de la comida se convierta en una lucha constante. Para evitar los continuos disgustos y, sobre todo, lograr que el niño coma, daremos algunos consejos relacionados con las situaciones más comunes:

- No me gusta. Una cosa es que no le guste un plato o un alimento concreto, como le pasa a la mayoría de los humanos, y otra que no le guste nada, lo cual es prácticamente imposible. Si tu hijo repite esta frase continuamente no debemos hacerle caso y procuraremos que pruebe un poco de todo. En caso de que se niegue a comer, una buena opción es castigarle sentado en la mesa hasta que se decida a llevar la comida a la boca.

- No quiero más. Aunque es cierto que los niños comen menos cantidad que los adultos, no debemos dejar que ingieran tan sólo dos cucharadas de un plato. Una cosa es que esté realmente lleno y otra que quiera torear a los padres.

- Me duele la tripa. Otra típica frase más que repetida por los niños a la hora de comer. Si lo dice un día aislado debemos creerlo y llevarlo al médico, pero si es el pan de cada día no debemos hacer ni caso y hay que obligarlo a comer.

En cualquier caso lo que nunca debemos hacer es pegar a los niños o castigarles en otra habitación para que coman, porque cada vez llorarán más y tendrán aún menos ganas de comer. Tampoco debemos cocinar un plato especial para él ni darle un yogur o fruta directamente sin haber comido antes, al menos, un plato. Si, por el contrario, consigues que se lleve a la boca todo lo que debe, incluso si no le gusta, puedes premiarlo, por ejemplo con su postre favorito.