
¿Cómo unir la inteligencia y la fuerza de voluntad en el estudio? Tan malo es no decirle nunca a un niño que es listo y que tiene capacidad como repetírselo constantemente. En ocasiones, cuando se exalta tanto la capacidad de un niño, se corre el peligro de que el niño asocie dicha capacidad con la posibilidad de aprobar un examen y sacar buenas notas sin esfuerzo.
Y además, en algunos momentos de la vida, puede que esto sea posible. Es decir, en aquellos cursos en los que el nivel no es muy alto, el niño puede ser un estudiante brillante con poco esfuerzo en caso de que su capacidad sea elevada. Sin embargo, tarde o temprano se dará de bruces con su propia realidad. Es decir, tendrá que asumir que a la hora de estudiar tan importante o más que la inteligencia es la fuerza de voluntad. Una voluntad que se traduce en compromiso con los estudios y con el deber.
Es decir, el niño debe tener interiorizada cuál es su responsabilidad. Por otra parte, también implica tener unos hábitos regulares de tiempo de concentración para hacer los deberes y las tareas. La fuerza de voluntad da frutos más positivos a largo plazo que la propia inteligencia. Y es que, la inteligencia debe cultivarse y materializarse en la práctica a través del esfuerzo, el sacrificio y la superación personal.
Por muy inteligente que sea un niño, aprender siempre implica cierto nivel de sufrimiento. Así se muestra de una forma clara, por ejemplo, en el caso de aquellas asignaturas que se le dan peor al peque. Cuando a un niño se le dice que querer es poder, se le quiere transmitir, precisamente, que dependiendo de su nivel de implicación práctica logrará o no el resultado esperado. No olvides que todos los niños tienen un talento.
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