Claves para superar la impaciencia de la rutina diaria
La impaciencia muestra en cierto modo, la prisa porque las cosas sean de una forma determinada. Y la verdad es que los niños, viven ajenos a las leyes del tiempo, por ello, tienen su propio ritmo. Por ejemplo, a un peque no le ayuda en nada empezar el día por la mañana con prisa y es que, además, el modo en que empezamos el día puede determinarnos toda la jornada.

¿El carácter es algo estático o se puede perfeccionar algunos hábitos? La realidad es que sí, es decir, en base a la superación personal puedes mejorar tus defectos y potenciar tus virtudes. Dentro de los defectos que definen a algunas personas está la impaciencia con la que viven los hechos cotidianos de la rutina del hogar.

Para mejorar la paciencia debes empezar por entender que tener hijos, implica entre otras cosas, ser paciente. Pero además, te desgasta mucho a nivel emocional vivir desde la queja y desde la protesta (algo que sucede cuando no tienes paciencia con los niños). También puedes superar la impaciencia cuando echas las vista al pasado, haces memoria y te das cuenta de cómo eras tú de niño. Es decir, es normal que un niño haga travesuras, sea inquieto, no obedezca a los padres a la primera de cambio, quiera jugar y divertirse antes que hacer las tareas… ¿Significa esto que a un niño hay que dejarle con todo? Claro que no.

Se trata de encontrar el equilibrio exacto entre la paciencia y la impaciencia. Algo difícil pero posible cuando haces uso del sentido común. A veces, la paciencia también se agota de forma lógica como consecuencia de la saturación que puede producir estar únicamente con los hijos. Por mucho que se les quiere, está claro que los padres necesitan tiempo y espacio para poder disfrutar como adultos de otras actividades, otras relaciones y otros planes.