Complexión de los niños
El hecho de que los progenitores, abuelos, hermanos, tíos o primos posean una constitución física robusta, no significa que el niño siga el mismo patrón.

Hay menores de complexión delgada que escapan a condicionantes genéticos. Y aunque en la mayoría de los casos la forma de tu cuerpo es resultado de la herencia, uno puede moldear sus formas con una sana alimentación y ejercicio constante.

Los menores, al igual que los adultos, pueden presentar alguna de estas tres tipologías de complexión:

1. De complexión robusta (de huesos anchos, grandes).
2. De complexión delgada (los que conocemos como “flacos”: hombros, cintura y caderas estrechos).
3. Complexión media (hombros anchos y cintura delgada, aspecto atlético).

Pero raras veces dichas complexiones se manifiestan de un modo puro. El cuerpo de la mayoría de los individuos suele ser una combinación de las tres.

Es una asignatura obligada de los padres enseñar a sus hijos pequeños a que se acepten a sí mismos y a otras gentes. Por ejemplo, nadie merece el tratamiento de acoso y menosprecio que en ocasiones sufren las personas obesas… Y por supuesto, ellas tampoco. Cualquiera que sea la opinión personal respecto al tamaño que debe tener un menor, ese niño precisa tener confianza en sí mismo y merece un respeto.

Muchos niños obesos o simplemente con sobrepeso saben que su tamaño es considerado como un inconveniente para la inmensa mayoría de la sociedad. Padres, madres, doctores y hasta los amigos y vecinos se preocupan y discuten su problema sin cesar. Incluso pueden darse situaciones de humillación que provocan traumas que se arrastran toda una vida.

Es imprescindible poner énfasis en los aspectos positivos de estos niños. Los maestros han de percatarse de sus habilidades especiales, y deben mencionarlas al niño y a los compañeros que convivan a su alrededor.