Cuando comer se convierte en un problema
La hora de la comida se convierte en todo un reto en muchos hogares. E incluso, en una angustia para muchas madres y padres que ya no saben cómo enfrentarse a este momento. ¿Por qué? Sencillamente, porque muchas veces, los niños lloran cuando no encuentran el plato que quieren en la mesa y deben experimentar con nuevos sabores. En ese caso, como los padres cedan, los niños se van a dar cuenta de que son capaces de salirse con la suya mediante la rabia y el llanto.

Existe una realidad. Y es que la comida de un niño no debe de extenderse más allá de los cuarenta minutos. Y tampoco, debe durar menos de veinte porque como es lógico, los peques necesitan masticar bien y también, disfrutar de los alimentos. Pero una comida que se alarga más allá de cuarenta minutos produce problemas incluso con la organización del tiempo puesto que sucederá lo mismo con la merienda y con la cena. Es decir, en la casa en la que esto suceda no habrá tiempo de hacer otra cosa ni planes con los niños fuera de casa.

En general, es importante hacer entender a los niños que están adoptando un rol de comportamiento inadecuado en relación con la alimentación. Pero para ello, son los padres quienes deben adoptar un cambio de actitud, es decir, deben aprender a entender que un niño llora del mismo modo que lo hace un adulto ante ciertas situaciones. Es decir, a veces, el problema surge porque hay padres que no pueden ver a sus hijos llorar.

Del mismo modo, la hora de la merienda no debería extenderse más allá de media hora. Puedes poner un despertador en el comedor que sea bonito y atractivo y así el niño sabrá el tiempo exacto que tiene. Si una vez acabado ese tiempo, el niño no ha terminado su comida entonces, habrá que retirarle el plato.