Educar en la individualidad
El ser humano es social por naturaleza, es decir, todos vivimos en el seno de una ciudad o un pueblo, pero además, dentro de las propias urbanizaciones también estamos integrados en sectores más pequeños: la familia, la empresa, el colegio del niño… Al final, se establecen lazos fuertes o sólidos con otras personas en la rutina diaria. Pero esta apelación a la sociedad no tiene nada que ver con perder de vista el carácter individual único e irrepetible de una persona.

Un carácter individual que se muestra incluso en el caso de los hermanos, es decir, cualquier padre puede comprobar que sus hijos son diferentes entre sí y que tienen un carácter más o menos similar. Como padres es bueno tener un criterio claro en relación con los valores en los que se quiere educar al hijo. Merece la pena observar y aprender también de lo bueno que hacen los demás, pero en última instancia, la decisión es propia en base a la libertad.

Por ello, será normal que un niño pueda pedir en casa ciertas zapatillas de marca tal vez, porque otro compañero de cole también las lleva. En ese caso, nada como tener la firmeza interior de aprender a decir no al niño desde pequeño. Entre otras cosas, porque es por su propio bien.

También puede suceder que el peque quiera hacer algo en concreto porque a sus amigos también les dejan. En definitiva, conviene enseñar al niño que el criterio “los demás lo hacen” no tiene ninguna validez, sencillamente, porque debe aprender a pensar por sí mismo y ser independiente.

Conviene encontrar el equilibrio entre el carácter individual y social de un ser humano cuando hablamos de educación en valores y de crecer en libertad. La referencia de los demás es positiva pero no como un límite determinante.