El miedo al ridículo
Existe una sensación que es realmente incómoda: la de tener miedo al ridículo. Es decir, la de sentir que eres vulnerable y posible centro de burlas y críticas por parte de los demás. Esta situación desborda en la infancia porque el niño todavía es muy vulnerable ante el poder del grupo y no ha desarrollado todas sus herramientas emocionales. El miedo al rídículo puede estar causado por varios factores. Por ejemplo, aquellos peques que son más tímidos sienten inseguridad cuando conocen a gente nueva. Sin embargo, esta inseguridad se supera en la medida en que los niños empiezan a familiarizarse y a tomar confianza.

Del mismo modo, a veces, el miedo al ridículo viene marcado por la huella que queda en la mente tras vivir una situación un tanto traumática. Los profesores por ejemplo, deben evitar a toda costa que un alumno se quede con dudas por miedo a preguntar en voz alta y meter la pata. Por ello, el profesor siempre debe valorar la iniciativa de los niños y ver el lado positivo de todas las preguntas.

Del mismo modo, los niños que viven marcados por el miedo al ridículo son aquellos que sufren acoso escolar o que son víctimas de las burlas y de las risas por parte de sus compañeros. Afortunadamente, nadie es niño eternamente, por ello, la mayoría de los niños que tuvieron una infancia difícil logran superar el pasado con el paso de los años.

Sin embargo, son los adultos los que deben tomar cartas en el asunto para hablar, especialmente, con aquellos niños que hacen daño a otros que son más vulnerables. Y este trabajo corresponde a los profesores pero especialmente, a los padres. Que a veces, de forma incomprensible, viven creyendo que sus hijos tienen un comportamiento ideal en todos los ámbitos.