El sueño y el descanso en los niños
Desde el momento del nacimiento han de regularizarse los períodos de actividad y de reposo, con el fin de adaptarlos a las condiciones ambientales.

Sobre todo, en los niños es un requisito imprescindible que duerman un número determinado de horas para que puedan hacer frente a la actividad diaria.

El papel de la escuela jugará un papel crucial la combinación de la actividad con el reposo, el descanso y el sueño. De hecho, hasta los 5 años el niño debe dormir la siesta preferiblemente después de la comida.

El sueño. El menor ha de contar con su propio espacio para el descanso, no es aconsejable que duerma en el mismo cuarto que los adultos. A los seis meses, el sueño es de más de 15 horas diarias y al año alrededor de 14 horas. Entre los dos y tres años duerme de 1 a 1:30 h. durante el día y unas 12 h durante la noche.

Determinadas causas físicas, estados emocionales o alteraciones de sectores de la personalidad son los desencadenantes de episodios de intranquilidad, movimientos de miembros o crisis de terror.

De ahí que los progenitores tienes que mantener firmeza con los horarios, así como proveer de alegría y seguridad al niño cuando va a la cama. Se debe huir de asociar la cama con un castigo.

En este sentido, el educador se ocupará de estimular las sensaciones de seguridad durante el sueño, conocer los hábitos de sueño-vigilia, posibilidades de tarea-descanso de los niños para organizar espacios, horarios y tareas en función de la edad.

Las conclusiones de algunos especialistas coinciden en que los niños activos necesitan dormir más y concilian el sueño con mayor facilidad. No obstante, los niños inactivos durante el día tienen más dificultades para quedarse dormidos en la noche.