Infancia en el siglo XXI
Constantemente los cambios nos acechan y cada uno de ellos debe ser acogido con una actitud abierta y crítica. Es el momento de empezar a trabajar en la infancia ya que ésta supone un desafío en el plano de la renovación educativa, ya se contemple desde un plano familiar como escolar.

Los menores han de adaptarse a las exigencias que les imponen la sociedad y la familia a fin de no quedar fuera del sistema. Se está dando una tendencia un tanto peligrosa: Los padres dedican poco tiempo a sus hijos… Las materias extracurriculares, la práctica de deportes, el estudio de idiomas o de cualquier otra actividad suponen la excusa perfecta de los adultos para no involucrarse en la atención que precisa un niño.

Todo termina en engendrar posturas inseguras ya que los progenitores no suelen impartir límites para no caer en “frustraciones” ni tampoco exigen a sus retoños “responsabilidades”. Como consecuencia se está dando mayor importancia “al tener” que “al ser”.

Fuentes proporcionadas por el Diario La Nación apuntan a destacar la opinión de varios autores. Éstos sostienen que ha surgido una nueva infancia: Aquella denominada “niños posmodernos”. Otros van más lejos, como el norteamericano Neil Postman, que plantea, directamente, la llegada del “fin de la infancia”. Y es que tal definición puede sonar demasiado tajante. O quizá no tanto. El concepto de infancia no existe sin el concepto de adulto: “Si hay niños, es porque existen mayores que los protegen y satisfacen sus necesidades”.

La Asamblea General recomendó en el año 1954 que todos los países instituyeran el Día Universal del Niño. El día 20 de noviembre marca la fecha en que la Asamblea aprobó la Declaración de los Derechos del Niño en 1959 y la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989.