La función del chupete
En muchas ocasiones el chupete es una herramienta necesaria para tranquilizar al bebé. Sin embargo, los padres han de saber que todo proceso que se introduzca para modificar el comportamiento de los pequeños retoños posee beneficios e inconvenientes que merece la pena analizar.

Las razones por las que se usa el chupete son variadas: Disminuir el cólico, regular el horario del bebé, evitar que el menor adquiera el hábito de chuparse los dedos…

Así, nuestra sociedad tiene muy extendido el uso del chupete para calmar el deseo del bebé a la hora de succionar. Pero no es bueno recurrir al chupete cada vez que el niño llore. Existen otros métodos para reconfortarle como dirigirle unas cariñosas palabras, mecerle o jugar con él.

Algunos especialistas como el doctor Elías Jiménez, no aconseja la utilización del chupete en bebés menores de un mes, ya que el riesgo de aparición de vómito es mayor en un niño pequeño con chupete que sin él.

El chupete puede dificultar la adquisición de la técnica para la lactancia materna. Y es que en algunos casos los padres se ven obligados a introducir la leche artificial.

Las deformidades de la boca están relacionadas con los hábitos de succión no nutritiva. El empleo del chupete después de los tres años puede desencadenar este tipo de problemas permanentes que precisen de la intervención de un odontopediatra.

Otro peligro que se avecina es la probabilidad de que surja otitis media aguda en el niño. El chupete puede favorecer el paso de bacterias de la nariz y la garganta al oído medio a través de las llamadas trompas de Eustaquio.

¡Y cuidado con esos pequeños accidentes! El borde del escudo de plástico rígido del chupete puede ocasionar heridas al chocar con la cara del niño.