La sal durante el embarazo
El embarazo es una de las etapas más bonitas en la vida de una mujer, y es que llevar dentro y darle vida al que será tu hijo es algo que no se puede comparar a nada en este mundo. Es por eso que es tan importante cuidarse durante el embarazo y hacer caso a todas las recomendaciones que te dan los médicos y especialistas sobre salud, alimentación o el ejercicio que puedes o no hacer. Una de las cosas con las que hay que tener mucho cuidado es con la sal ya que hay ciertos mitos que no son del todo ciertos.

Antiguamente se recomendaba reducir el consumo de sal durante los meses de embarazo, y aunque sí es conveniente que no te pases con ella y que la que utilices sea yodada, si prescindes demasiado de ella podría ser contraproducente, así que háblalo con tu médico para que te diga si en tu caso debes o no reducir la cantidad diaria. Si eres una mujer totalmente sana te recomendarán seguir con tu dieta habitual y evitar el consumo excesivo de sal.

La sal está compuesta de sodio, un elemento que si tomas en exceso puede provocar retención de líquidos, hipertensión y edemas. Esto es normal que suceda durante el embarazo, especialmente en las piernas (la retención de líquidos y los edemas), aunque no siempre es a causa del sodio ya que la presión que el crecimiento del útero hace sobre las venas de la zona puede provocarlo, así que a veces reducir el consumo de sal no sirve para nada. De hecho, si lo reduces en exceso puedes causarle a tu bebé una hiponatremia neonatal cuando nazca, que es lo que le sucede si tiene los niveles de sodio bajos.

A continuación te dejo algunos consejos de alimentación para que no te pases con la sal durante el embarazo:

– Elige siempre alimentos frescos y naturales, procura evitar los congelados y reduce el consumo de alimentos procesados.

– Nunca le pongas más sal a los alimentos que ya se han cocinado con sal, ni cuando los has cocinado tú ni cuando los compras (como un sobre de sopa, por ejemplo).

– Utiliza un salero que tenga los agujeros pequeños para que la cantidad de sal que echas cada vez sea pequeña.

– Utiliza otros condimentos como especias o hierbas aromáticas para no recurrir siempre a la sal.