La tristeza y la alegría en los niños
La tristeza es una emoción difícil de soportar a cualquier edad, sin embargo, forma parte de la vida y de ese universo tan fascinante llamado sentimientos. Sin embargo, en la sociedad actual, marcada por una clara tendencia hacia el placer, es muy habitual no entender la tristeza como un sentimiento lógico y natural, en ciertas circunstancias. La tristeza también afecta a los niños porque ellos, también viven de cerca situaciones de dolor: por ejemplo, la muerte o la enfermedad de un familiar cercano, la envidia o la decepción de un amigo.

La tristeza en los niños puede ser un síntoma o una señal de que algo no va bien en el mundo interior del pequeño, es decir, de que algo le sucede. La realidad es que de entrada, lo ideal es que cualquier niño sea feliz, sencillamente, porque se siente protegido y seguro en el ambiente familiar y muy cuidado por sus padres. En muchas ocasiones, conviene analizar de cerca el lenguaje corporal del pequeño. Por ejemplo, un niño que sonríe poco tal vez, esté padeciendo algo que le produce dolor. Por ejemplo, puede que no esté muy integrado en su clase con el resto de sus compañeros.

La alegría es sinónimo de una infancia feliz. Existen muchas cosas que hacen felices a los niños, sin embargo, lo más importante sería enseñar a los pequeños a disfrutar y a valorar las pequeñas cosas. Esas que aportan un color diferente a la rutina diaria. Sólo así se puede combatir el materialismo y la obsesión por el tener.

Los niños son felices jugando con otros niños, pasando tiempo en familia, viendo en la tele su programa favorito, haciendo planes diferentes… La tristeza y la alegría son dos caras de una misma moneda: la realidad más evidente de la vida.