Las actividades directrices en la infancia
La actividad directriz es aquella que desempeña un papel determinante en la formación de los procesos y cualidades psíquicas de la personalidad en cada etapa del desarrollo.

Para que los menores alcancen el desarrollo esperable en cada periodo de la infancia así como la formación de su personalidad, ha de organizarse bien el sistema de influencias educativas.

Por ello, serán claves las propiedades del organismo biológico de los pequeños y las condiciones de vida y educación en que los adultos que les rodean les atienden, enseñan y educan.

En cada tipo de actividad que lleva a cabo un menor, se produce la asimilación de cualidades y acciones psíquicas que resultan indispensables para su realización como seres humanos.

Por ejemplo, entre las acciones internas están: Aprenden a comer con una cuchara, a vestirse, a dibujar, a hacer pequeñas construcciones, a imitar las palabras que les formulan. Al mismo tiempo, también se van conformando acciones internas: La percepción, el pensamiento, la imaginación y la memoria, que les garantizan su orientación en el medio.

Relación etapa-actividades directrices:

Comunicación emocional directa niño-adulto (de 0 a 1 año)
Surge y se forma la necesidad de relación con los adultos, la cual es marcadamente emocional. A su vez, se forman actividades perceptuales, y se forma y perfecciona el reflejo de prensión y agarre de objetos.

Actividad con objetos (de 1 a 3 años)
Reproducción de procedimientos socialmente elaborados de acción con los objetos. Surge el habla y el pensamiento en acciones. La neoformación central de este período es el surgimiento de la conciencia, que aparece manifiesta en el yo.

Actividad de juego (de los 3 a los 7 años)
Formación de la función simbólica de la conciencia, la imaginación, así como la orientación hacia el sentido general de las acciones humanas. Los niños aprenden a destacar, dentro de las relaciones humanas, los momentos de subordinación y dirección.

Actividad de estudio (de los 7 a los 11-12 años)
Formación de las relaciones conceptual-teóricas de la realidad, lo que les permite considerar las propiedades objetivas de la realidad y sus regularidades. Formación de las premisas del razonamiento teórico-abstracto a partir del operatorio concreto.