Los juegos tradicionales no pasan de moda
Las consolas, el ordenador, Internet… parece que los niños de hoy en día sólo tienen para jugar con aparatos que impliquen nuevas tecnologías. Y no es que se trate de algo perjudicial – de hecho es positivo para el pequeño conocer las avances de la sociedad – pero tampoco es recomendable que pasen demasiadas horas delante de una pantalla o de una televisión.

Además de los efectos físicos que puede provocar un tiempo excesivo delante de un ordenador – como miopía, dolores de cabeza u obesidad–, hay otras consecuencias psicológicas que los padres no suelen tener en cuenta como la adicción que producen los juegos interactivos – entre otras cosas, porque pueden durar lo que el niño considere oportuno – o la agresividad de muchos de los personajes, que muchas veces es imitada por los menores.

Por esta razón es conveniente que también enseñemos a nuestros hijos las normas de juegos tradicionales que, además, potencian en mayor medida su creatividad e imaginación como la oca, el parchís o las cartas. Asimismo, debemos procurar que nuestros niños practiquen todo el deporte que puedan, por lo que si no desean apuntarse al equipo de fútbol del colegio o a actividades extraescolares como aerobic o gimnasia rítmica, podemos intentar que hagan ejercicio jugando.

El pañuelo, el balón prisionero o los clásicos pilla-pilla y escondite son algunos de los juegos en los que, sin darse cuenta, no pararán de practicar uno de los deportes más completos: correr. Además, con estos juegos aprenderán a competir, el significado de ganar y perder y, sobre todo, que lo importante es participar.

Para aquellos padres que piensen que estos juegos de toda la vida están pasados de moda están muy equivocados, sólo tienen que probar a comprar a sus hijos una comba, una goma de saltar o un monopatín y comprobarán lo felices que pueden ser los niños con poco dinero.