Los niños también deben controlar sus niveles de colesterol
El colesterol es un lípido, es decir, un conjunto de moléculas orgánicas que se encuentra en los tejidos corporales y en el plasma sanguíneo de los vertebrados imprescindible para la vida animal y humana por sus numerosas funciones, como regular la fluidez de las membranas plasmáticas o servir de precursor de la vitamina D y de las hormonas.

A pesar de ser necesario es importante controlar sus niveles, ya que si su presencia es demasiado elevada puede ser perjudicial para la salud, sobre todo para el hígado, la médula espinal, el páncreas y el cerebro, ya que son los órganos en los que aparece una mayor concentración de colesterol en cualquier humano.

La concentración actualmente aceptada como normal de colesterol en el plasma sanguíneo de individuos sanos es de 150 a 200 miligramos por decilitros; si esta concentración aumenta se habla de hipercolesterolemia. Aunque no es habitual que los niños la padezcan, puede darse el caso sobre todo si no llevan una dieta equilibrada.

Para evitar que los niveles de colesterol se disparen es importante que los padres eviten comprar grandes cantidades de chocolate, dulces y golosinas a sus hijos porque, aunque son alimentos muy atractivos para los más pequeños, pueden provocar la aparición de hipercolesterolemia incluso en niños menores de ocho años.

Por el contrario, lo que no debe faltar en su alimentación diaria es fruta, pan y verdura, a lo que se añadirá dos o tres piezas semanales de carne y pescado. En cuanto al desayuno hay que tener en cuenta que, en contra de lo que muchos padres, tutores y educadores piensan, no se debe permitir a los niños abusar de las galletas ni de los cereales, a no ser que sean integrales y ricos en fibra. Y es más, lo ideal es desayunar leche con pan blanco, tostado o integral.