“Mamitis” aguda
Para la mayoría de los menores, sus madres constituyen el centro en torno al cual gira su mundo. Ellas son su referente más próximo hasta que comienzan las clases escolares ¡Cuidado, si pasas demasiado tiempo con tu pequeño se pueden activar las alarmas de la “mamitis” aguda!

Necesidades tan básicas, como dar el pecho al bebé, quedan cubiertas gracias al papel desarrollado por las mamás y aunque los papás también se ocupan de otras tareas, el peso maternal es indiscutible.

Cuando el pequeño alcanza mayor autonomía, entre los 10 y 18 meses, sigue requiriendo el apoyo de los padres aunque se desliga un poco de sus progenitores. Empieza a andar, a explorar la casa…

Se da el caso de niños que observan los elementos que les rodean como cosas extrañas y amenazantes, por eso recurren con frecuencia a cobijarse bajo las faldas de mamá. Si se establece una separación entre ambos, el niño puede sufrir una tremenda angustia… Es incapaz de comprender que no le pasaría nada si ella no está cerca.

Generalmente entre los dos y los tres años, los niños comienzan a socializarse más y a relacionarse con otras personas: se abren al mundo, hacen amistades, pasan más tiempo en el parque jugando con otros niños. El hecho de abrir tanto los esquemas de comunicación hace que los menores se sientan más cómodos si su madre está próxima para darles seguridad.

Además los cambios bruscos siempre desencadenan los síntomas de la “mamitis” aguda. Ocurre cuando la madre ha estado siempre en casa y se incorpora al ámbito laboral tras una excedencia. Se debe preparar al niño para que la separación no sea traumática. De forma paulatina, antes de que la mamá empiece a trabajar, las personas que se encargarán del cuidado del niño, pasarán prolongados ratos con ellos.

Las mudanzas o una nueva cuidadora también pueden provocar los lloros en los niños y aumentar su deseo de no despegarse de su madre.