“Niños Índigo”
Los “Niños Índigo” representan un estado superior de la evolución humana. Asistimos a comprobar un avance espiritual, ético y mental en estos menores.

Todos los adultos tenemos un arduo trabajo con el fin de cambiar los antiguos patrones educacionales para ofrecer a los “Niños Índigo” la libertad de expresión y de acción que mueve su alma, su esencia y su corazón. Sólo podrán hacerlo bien aquellos padres de Niños Índigo que posean una conciencia diferente para que estos pequeños alcancen su misión sin toparse con grandes obstáculos.

El aura o campo energético de estos menores se refleja dentro de los colores añiles, azules manifestando el uso de centros energéticos superiores.

La llegada de estos “nuevos hombres” no es casualidad, su función consistirá en convertirse en puente entre la tercera y cuarta generación. De hecho, el cambio lo activan en la familia, en el hogar. Gracias a sus dosis de intuición, que plasman a través de la telepatía y la clarividencia, y su capacidad para la sanación, aportan felicidad al planeta.

Los rasgos físicos de estos pequeños son: Estructura corporal más delgada, tienen ojos grandes, ligeramente abultado el lóbulo frontal, por lo general zurdos o ambidiestros. Comen poco, e incluso, algunos son vegetarianos por no soportar la carne.

En general, los “Niños Índigo” pueden nacer en cualquier clase socioeconómica. Se les puede reconocer también porque ellos no aceptan la imposición ni la autoridad, rechazan la manipulación, la inautenticidad y la deshonestidad. Tampoco aceptan los viejos trucos de la disciplina basados en crear temor y culpa.

En palabras de María Dolores Paoli, especialista en Psicoespiritualidad:

A los “Niños Índigo” no se les debe avergonzar ni culparlos, mentirles ni gritarles. Por el contrario, hay que preservarles la autoestima. Se les debe brindar la posibilidad de elegir y, al mismo tiempo, evitar la comparación. Deben recibir disciplina sin emoción.