Nombres aceptados en el registro
Como casi todo lo que acontece en nuestro país, tener un hijo también conlleva a un inevitable papeleo. El más importante, es la inscripción en el registro civil, que se recomienda realizar el mismo día del nacimiento del bebé, para no olvidarlo y para evitar una posible confusión en su fecha de llegada al mundo, aunque en principio no hay problema en hacerlo algún día después.

Lo que sí deben tener claro los padres es el nombre que desean poner a su hijo y si está aceptado en España, sobre todo si desean ahorrarse una cola innecesaria. Y es que en la actualidad hay nombres legalmente permitidos que en las generaciones anteriores no lo estaban, pero también hay otros muchos que aún no están aceptados.

Para empezar, según el artículo 54 de la Ley del Registro Civil, no puede inscribirse a un recién nacido con un nombre traducido a otro idioma, aunque sí se permite hacerlo con su equivalente onomástico a cualquiera de las lenguas oficiales españolas – incluyendo el catalán, el gallego y el euskera, con sus variantes dialectales –.

Asimismo, el artículo prohíbe los nombres con alguna connotación que objetivamente perjudique al bebé, como Caín, Judas o Hitler, o induzcan a error en cuanto al sexo, como Aimar, que a pesar de ser nombre de mujer parece cumplir este punto.

En cuanto a los diminutivos y variantes coloquiales la ley española se ha visto obligada a admitir nombres cuya extensión es tan grande que, en muchas ocasiones, han dejado de relacionarse con el nombre del que provienen. Es el caso de María Dolores y Lola, Francisco y Curro o Alejandra y Sandra. Sin embargo, hay otros como Paco, Charo o Nacho que, al menos de momento, no están aceptados como legales en nuestro país.