Parejas felices: hijos, también felices
La familia es uno de los bienes más valorados a cualquier edad. Sin embargo, la infancia no siempre es el periodo más pleno de la vida como a veces, se dice de una forma automática. La realidad es que aquellos niños que conviven con un ambiente en casa poco constructivo, arrastran miedos e inseguridades. Por esta razón, la felicidad de una pareja deriva de forma clara y directa en la propia felicidad infantil.

Algunas parejas cometen el error de perder de vista que además de ser padres también son pareja. Es decir, deben de cultivar sus momentos de intimidad, fomentar la comunicación, cuidar el romanticismo, renovar el amor cada día para que dure siempre… Es decir, algunas parejas ante la presión de compatibilizar el cuidado del hogar con el trabajo, se centran únicamente en la labor de educar y cuidar de sus hijos. También porque la realidad es que se trata de una labor que implica mucho tiempo y es muy urgente, ya que los niños tienen una gran capacidad de demandar atención.

En algunas ocasiones, los niños sufren de cerca el proceso de divorcio por parte de sus padres. En ese caso, nada mejor que entender que los adultos deben comportarse como adultos, es decir, con coherencia y madurez por el propio bienestar de los niños que a veces, sufren más de lo necesario como consecuencia de una ruptura.

El mayor signo de felicidad de una familia es el hecho de que todos ellos, padres e hijos disfruten haciendo planes en común y pasando el tiempo juntos. No se trata de hacer planes espectaculares sino simplemente, de entender que el amor no crece si no se alimenta cada día con ilusión y esperanza como si fuese una planta que necesita agua y luz.