Profesores exigentes
El curso escolar se presenta para tu hijo como un reto de altas alturas. En pocos días has podido comprobar que el niño trae una enorme cantidad de deberes, la mayoría difíciles de resolver. Y es que, cada una de las asignaturas que estudia, tienen toda la pinta de ser impartidas por profesores exigentes.

Que un profesor espere mucho de sus estudiantes es indicativo de que sus alumnos aprenderán en suma. La estrategia de este docente suele ser la de facilitar gran cantidad de material y con la aspiración de transmitir enriquecedores contenidos durante sus clases.

Por una parte, te enorgulleces de que sea elevado el nivel de la clase de tu hijo. Este hecho propiciará que los alumnos se esfuercen más y como consecuencia los conocimientos adquiridos serán mayores. No obstante, dicha situación conlleva un riesgo que ya señalan algunos pedagogos. Nos referimos al tema del agobio que genera desmotivación en el menor.

¿Dónde reside el equilibrio que favorece el aprendizaje? Una excelente medida para una adecuada asimilación de los contenidos se encuentra en el juego. Aunque los ejercicios sean numerosos y complicados si cuentan con el componente idóneo de la diversión, el chaval se sentirá cómodo y abrirá los canales de la comprensión.

Por esta razón, padres y profesores han de conocer las técnicas precisas de motivación y saber cómo emplearlas. De nada sirve saturar de información al niño y que obtenga buenas notas. Lo fundamental es alcanzar aprendizajes significativos.

El primer paso que deberías dar como padre es conocer en persona al profesor tan exigente. A través de una conversación fructífera podrás sacar conclusiones que te ayuden a entender su metodología didáctica. Te sentirás más próximo a tu hijo en tu función de supervisar los deberes que traiga a casa.