Riesgo de aborto natural
Alrededor del 20% de mujeres sufren la mala experiencia del aborto natural. Hablamos de un episodio espontáneo que consiste en la pérdida de un embrión o feto por causas no provocadas intencionalmente.

Te encuentras ante un aborto cuando la interrupción del embarazo se produce antes de la semana 21 de la gestación.

Las alteraciones genéticas en el embrión es una de las razones más frecuentes que desencadena más del 50% de los abortos. Otras causas pueden deberse a malformaciones uterinas, miomas y otras patologías orgánicas en el útero, insuficiencia del cérvix uterino, insuficiencia hormonal, sobre todo de progesterona, y enfermedad grave de la madre.

Cuando una mujer sufre lo que se denomina un aborto espontáneo precoz, al principio del embarazo, generalmente ésta desconoce incluso su inicial estado de gestación e interpreta la situación como un mero retraso menstrual. Tras un aborto, el médico suele aconsejar a la interesada dejar pasar un período de dos o tres meses antes de que vuelva a quedarse embarazada.

Si el aborto es tardío, que se manifiesta después del primer trimestre, se suele considerar como nacimiento del bebé muerto. Una dilatación prematura del cuello del útero es la causa desencadenante, lo que puede provocar la ruptura de la bolsa del líquido amniótico.

Las pérdidas es la principal señal de alerta ante un aborto espontáneo. Si se sangra de forma ininterrumpida no hay que dudar en acudir enseguida a la sala de urgencias del hospital más próximo. Con el fin de saber si el feto se está desarrollando de forma satisfactoria se realizará una ecografía. El aborto espontáneo hemorrágico, en el que se sangra incesantemente, precisará de una cura hemostática. Y si aparecen los dolores pélvicos, bajo la forma de cólico uterino, la situación se torna en alto riesgo.