dietas

Durante el embarazo el cuerpo de la futura mamá sufre algunos cambios naturales, como por ejemplo el aumento de peso, es algo completamente normal porque se crean reservas necesarias para el desarrollo del bebé. Si el peso de la mujer no aumenta puede ser síntoma de que el bebé no se está desarrollando bien. Mientras que si aumenta demasiado, puede ocasionar trastornos al feto. Para que ninguna de las dos situaciones ocurran, te proponemos una dieta equilibrada.

Dieta para una embarazada
Desayuno: 1 taza de leche descremada con infusión, 2 rebanadas de pan o 5 galletitas. Queso de untar y mermelada.

Dieta para una embarazada
Almuerzo: 1 porción de carne magra con una guarnición de vegetales crudos aliñados con un chorrito de aceite. 1 pieza de fruta del tiempo.

Dieta para una embarazada
Merienda: 1 yogur descremado con cereales. 1 infusión.

Dieta para una embarazada
Cena: 1 plato de cereales (arroz o pastas) con verduras al vapor, 1 huevo duro o tortilla. 1 gelatina de frutas o 1 ensalada de frutas.

Dieta para una embarazada
Si tienes ansiedad por comer algunos caprichos trata de evitar la tentación con alimentos que tengan demasiadas calorías. De no poder controlar ese deseo, procura que la porción sea pequeña.

Dieta para una embarazada
Algunos ejemplos: fruta, yogur descremado, barrita de cereal, gelatina, ensalada de frutas, huevo cocido, caldos, dos lonchas de queso, helado de agua, dos vainillas o licuado de frutas.

Dieta para una embarazada
Recuerda consumir calcio (leche, yogur, quesos), hierro (carnes rojas, aves y pescados) y proteínas (carnes, leche, huevo, quesos y derivados). Mezcla los vegetales y frutas para asegurarte de que tienes buen aporte de vitaminas y minerales.

Dieta para una embarazada
Si el aumento de peso es el adecuado, puedes consumir azúcar en las infusiones o ensaladas de frutas. En caso contrario, opta por edulcorante.

Dieta para una embarazada
Los edemas o moratones suelen ser frecuentes en el embarazo, controla el consumo de sal para regular la tensión arterial.

Dieta para una embarazada
Evita el alcohol y el tabaco. De ser posible practica alguna actividad física moderada que esté autorizada por tu médico.

¿Te preocupa la alimentación de tu hijo?
Es normal que todos los días tengas cierta preocupación y te hagas la misma pregunta “¿Qué le doy de comer?” Desde edades muy tempranas, el niño ha de habituarse a comer bien… Y en tu mano está que esto se cumpla con éxito ya que él aprenderá a comer según lo que tú le enseñes.

Además de los nutrientes necesarios, a través de una correcta alimentación tu pequeño recibe cariño, seguridad, nuevas experiencias y la sensación de compartir contigo un rato de lo más agradable.

Leche materna. La Organización Mundial de la Salud aconseja alimentarle con leche materna exclusivamente durante los primeros meses. Si optas por la lactancia natural, pon a tu bebé al pecho nada más nacer. De este modo irá aprendiendo a agarrarse al pezón y podrá tomar el calostro, una sustancia muy rica en vitaminas que segregan los senos antes de la subida de la leche. Le mantendrá bien nutrido y incrementará sus defensas.

¿Te preocupa la alimentación de tu hijo?
Seguir un orden lógico. Con el fin de tu hijo asimile bien las novedades en su dieta, debes seguir un orden lógico. Lo habitual es empezar con el zumo de naranja diluido en agua, al 50% y después ir acostumbrándole a los cereales sin gluten, las frutas, las verduras, la carne, el pescado blanco, las harinas con gluten, el pan y la pasta. La yema de huevo sobre los 10 meses. Y al cumplir el año, el huevo entero y las legumbres.

Alrededor de los 18 meses ya podrás empezar a darle leche entera, pescado azul y frutos secos molidos para evitar el riesgo de que se atragante.

Es fundamental que vigiles sus deposiciones, así sabrás enseguida si algún alimento le sienta mal y te será fácil eliminarlo o postergarlo.

No olvides que todos los niños pasan por épocas de inapetencia que los nutriólogos consideran normales. A veces el niño manifiesta un “no rotundo” a la comida para reafirmar su personalidad, no porque no les guste o no les apetezca. En esos momentos críticos, jamás fuerces a tu hijo a comer porque está demostrado que es contraproducente.