Un profesor particular para mi hijo
Observas cómo tu hijo está perdiendo el interés por el estudio en asignaturas que son esenciales para su formación personal e intelectual. El curso académico acaba de empezar y le faltan motivación y concentración, impulsos necesarios para llevar a buen ritmo los contenidos de las materias.

Has dado mil vueltas al asunto y por la experiencia de otros padres, decides recurrir a un profesor particular. Lo que pretendes es que el chaval tenga un hábito de estudio y, gracias a un seguimiento diario de las lecciones, crees que en breve espacio de tiempo obtendrá buenos resultados. Muchos especialistas señalan que la supervisión de las tareas en casa por un docente, unida a la aplicación de técnicas de estudio oportunas son estrategias claves del aprendizaje.

Las clases que imparte un profesor particular son individualizadas, generalmente en casa del alumno. Aunque es frecuente que se formen grupos de dos o tres niños, en dicha circunstancia el entorno didáctico suele ser el domicilio del profesor.

Es más fácil que el alumno prospere en la materia cuando recibe un trato personalizado. Los padres deben de asegurarse previamente de la preparación del profesor y calcular si él logrará adecuarse a las características del niño, tanto intelectuales como emocionales.

Por norma general en los colegios españoles hay falta de apoyo para los niños que no llegan a alcanzar los objetivos previstos. Son escasos los centros educativos que ofrecen soluciones ante la necesidad, por parte del menor, de refuerzo en una materia concreta.

También es prudente advertir sobre el riesgo que conlleva acudir a un profesor particular… Y es que el alumno puede llegar a depender de su profesor y deja de esforzarse. De hecho, pueden generarse actitudes pasivas que conducen a que el alumno deje de prestar atención en las clases del colegio.

En definitiva, las posibles situaciones, favorables o desfavorables, que puedan surgir dependerán en gran parte del grado de exigencia que establezca el profesor y del compromiso serio y responsable que debe emerger en el niño.